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LOS CAMINOS DE SANTA ANA COATEPEC.

El camino mas antiguo era el de los guamuchiles, se desprendía del Camino Real, que pasaba al poniente del pueblo, por el ejido del Arenal, frente a los volcanes Popocatepetl e Iztazihuatl, por el norte, seguía por la Trinidad Tepango con rumbo a Puebla. Al sur con dirección a Izúcar de Matamoros, pasaba por el puente colorado y el parador La Venta, era una pequeña fortaleza que brindaba seguridad durante el descanso, estaba protegida con una barda de adobe, en un área aproximada de cincuenta por cincuenta metros, contaba con cuartos de descanso, corrales y un comedor, contaban que en los últimos años fue atendido por una anciana. En los años setentas del siglo pasado todavía se podían apreciar las ruinas de este paradero que estaba en el siguiente terreno al sur del poso de Mixquitetla, en sus tiempos de uso era lugar de descanso, donde dormían y comían los arrieros y sus animales de carga, para después seguir sus largos viajes por este camino real, que usaba la gente desde antes que llegaran los Españoles.
En el área de Techachalco, cerca de la linea que divide la Trinidad y Santa Ana Coatepec, se desprendía el camino que llegaba al pueblo, este se separaba en diagonal y casi en linea recta asta el puente de la acequia grande, donde probablemente asta hoy se puede ver parte de la construcción del puente viejo, hecho con piedras y mezcla caliza, junto al puente actual de la acequia grande, este último terreno era cortado en la dirección del camino viejo, cuando abrieron el camino actual cancelaron solo en este terreno parte del camino viejo.
La acequia grande, aquí comenzaba el pueblo, había una cuantas casas dispersas en un área verde, con muchos, muchos árboles, fraccionado en huertas, este era el pueblo, como un laberinto de calles, callejones y veredas que cruzaban caminos, terrenos, y huertas por donde quería la gente del pueblo. Por cualquier parte que se observara, se veían árboles grandes como los de guajes, chirimoyas, aguacates, fresnos, zapotes blanco, negro, amarillo, jinecuiles, guejotes, uno que otro guamuchil, ahuehuetes, abundaban plantas de café y muchos árboles mas, arbustos y hierbas. Todas las huertas tenían mucha vegetación. Entre una y otra vivienda había mas espacio que los separaba, que parte de este lo dejaban para sus desechos y necesidades fisiológicas que la naturaleza y animales reciclaban.
Así era en los años sesentas, los caminos y callejones eran invadidos por la sombra de los árboles, abundantes en ese tiempo, durante el día, andar por las calles de mi pueblo siempre era un placer caminar con la compañía de una sombra que se encontraba casi por todos lados, eran tantos los árboles que había junto a los caminos que, en algunos casos y fechas tenían que sacrificarles algunas ramas que llegaban a invadir calles y callejones, para que pudieran pasar las procesiones de algunos santos en su recorrido por el pueblo, o por otros carros y los autobuses urbanos (ranas) que comenzaban a circular por algunas calles del pueblo, en el que protegían sus huertas por el lado de la calle creando una barrera con plantas de chichicaxtle de hoja grande, las calles de ese tiempo no eran amplias, algunas eran de acuerdo a las necesidades de la época, que muchas veces se limitaban al paso de yuntas, de toros principalmente, ya que, eran pocos los que trabajaban con caballos o mulas, cualquier yunta era lo mas espacioso que andaba por los callejones que eran mas y menos las calles, casi todos angostos, sus lados se poblaban de abundante maleza, pues el medio era mas húmedo y los temporales mas oportunos, por eso con los árboles y las hierbas, hacían que estos pareciesen mas angostos de lo que realmente eran, principalmente en la época de lluvias, cuando la naturaleza alcanza su máximo esplendor, pues tapizaba de verde como asta hoy todos los espacios que la gente no aprovechaban para su uso, la naturaleza se encargaba de poner lo que fuera posible, siempre cubriendo todos los espacios con algo verde, para después sorprendernos con hermosas flores, que se van perdiendo para dar paso a los frutos, que mas tarde darán las semillas para una próxima generación, que esperarán alguna forma de riego o el próximo temporal, para germinar rápidamente, tan pronto perciban la llegada de las lluvias de la nueva temporada, en donde competirán nuevamente con todas las demás plantas, tratando de ganar espacio para recibir los rayos del sol, y seguir con esa espiral de la vida y de esa lucha constante, silenciosa, lenta, hermosa, de supervivencia y exterminio al mismo tiempo, porque muchas se quedarán pequeñas en la sombra y no tendrán los rayos del sol para sobrevivir.
En el pueblo, algunos caminos estaban cubiertos casi totalmente con las ramas de los árboles que se situaban en los costados, que en las noches hacían mas oscuros los caminos que los campos abiertos, como el camino del Tajonal, el de Cuacohtle, Huilocohtle, Mancharohtla, Chahcuapa, zalahco, el lindero, los caminos de Quilentla, el que va al puente colorado, el de Mixquitetla, Xahuenacascoh, Xelontla, el de ciénaga en algunas partes de los de el potrero, y casi todas las calles y callejones de el pueblo tenían muchos árboles que hacían una sombra exquisita durante el día y por las noches lo hacían mas oscuro, la flora era abundante, la fauna también. Por todos lados en las huertas y las orillas de los terrenos tenían muchos árboles, arbustos y hierbas, en el pueblo había tanta humedad que ciertas partes de los caminos, durante la época de lluvias nacía o escurría agua por días y semanas, como en las faldas del cerrito. Donde está actualmente el Centro de Salud, era un lugar con mucha humedad que tenían que poner piedras en el camino para poder pasar sin atascos, cerca de los ahuehuetes habían ciénagas que con el salto de una persona se movía el suelo como si fuese de gelatina.
En el pueblo casi en todos los caminos, a un costado había una acequia, en algunas se podía desviar en ellas parte de las aguas cuando llovía, para hacer menos daño a los caminos, el uso principal de estas acequias era para el riego de las huertas con las aguas abundantes, de algunos manantiales del río de Cantarranas que llegaban por la acequia grande para depositarlo en el jagüey grande, de escurrideros que había en el pueblo y sus alrededores, de manantiales como el de Cruz verde, y escurrideros de las zanjas de Quilentla, que alimentaban el jagüey de el Tenanguito, aguas del achahuite y del área de los ahuehuetes que alimentaban al jagüey del mismo nombre, los manantiales y zanjas de tras del cerro que proveían de agua al jagüeycito para el riego de el área del Lindero, era tanta el agua que para las fiestas de semana Santa el agua corría casi por todas las acequias del pueblo así no había pretexto para rociar los caminos, antes del paso de las procesiones, tan respetadas y concurridas porque en esos días toda la gente no trabajaba.
Y en donde no había caminos se hacían veredas, como para llegar a otros manantiales que sus aguas desembocaban en el río o en el xinapanhtle, la gente del pueblo solo utilizaba estas aguas para el consumo, para que sus animales abrevaran y para bañarse usualmente los fines de semana, en manantiales como el de Xochatl, el de lindero, de San Carlos y sus escurrideros de mas arriba, de Chahcuapa, de Santa Marta y el achahuite. El manantial cerca de la maroma que nace en la parte baja de el texcal, arriba en la parte media de este escarpado pasan las aguas de el xinapanhtle, este manantial se situaba en el camino principal al Tajonal, todos los que iban a trabajar al otro lado del río pasaban a llenar de agua sus atecomates y cántaros antes ahora contenedores de plástico y botellas vacías de refresco de dos litros, que los volvpian a llenar si era necesario en otros manantiales, como el de Chiramoyastla o el de Xoxmillo que no era fácil bajar al manantial.
En el siglo pasado, el pueblo con sus casitas, la gran mayoría de chinamite con techos de palma o tejas, construidas mas allá del camino en esos amplios huertos con arboles en su mayoría frutales, casi siempre dejando espacio entre el camino y las casas y cerca de estas el área de el abono lugar donde enterraban palos para amarrar sus animales de trabajo y otros aquí pasaban las noches. Sus huertos con muchos árboles de una variedad amplia varios eran de troncos grandes y gruesos con ramas muy largas y divididas, como en el caso de los aguacates, por eso daban abundantes frutos, que se cosechaban con costales que se usan para envasar maíz o trigo, muchos árboles eran grandes como los aguacates y también daban muchos frutos, otros arboles trataban de igualarse en tamaño. La gente del pueblo respetaba mas los árboles y es porque dependían mas de ellos, en los días de plaza en Atlixco u otros mercados vendían o cambiaban limas, guajes, aguacates, zapotes negros, blancos, amarillos, limones, granadas, ginecuiles, etc. con esto resolvían muchas de sus necesidades, esto creaba una relación mas estrecha entre árboles y personas de ese tiempo, por eso cuidaban y plantaban mas arboles por todos lados.
Desde el cerrito era difícil ver los caminos del pueblo, se podía apreciar que eran tantos los árboles que tapaban todo el pueblo, donde terminaba el área mas arbolada, comenzaban los campos de cultivo, con pocos árboles en los terrenos y varios en las orillas.
Por las tardes desde el cerrito, antes de oscurecer se podía ver en el pueblo un espectáculo impresionante que inspiraba calma y marcaba el final de una jornada de trabajo en el campo, ver como emergían columnas de humo por el pueblo en los atardeceres significaba el regreso a casa, el humo salía en diferentes partes de ese manto verde que cubría el pueblo, durante el día todo era calma, aun mas cuando los niños estaban en la escuela, casi todos iban a trabajar, por eso había calma, hasta en la tarde era cuando ya se escuchaba el alboroto que hacían las personas y los animales, desde el cerrito se escuchaban, los ladridos de perros, el ruido de los chivos y borregos, los toros y las vacas que mugían, muchos de estos animales hacían ruido en el camino a casa o llegando a sus palos designados que casi todos los animales ya reconocían y por eso se paraban junto a estos para permanecer atados asta el siguiente día, los gallos kikirikeaban para presumir su canto que de inmediato era imitado por otros y por todo el pueblo, igual pasaba con los burros nunca rebuznaba uno solo, siempre le seguían otros por el pueblo, el ruido y el escándalo se iban apagando conforme avanzaba la noche. Volviendo a las tardes, cuando el humo salía de las cocinas, es que se disponían a preparar la cena o a poner su nexcomitl que era la rutina mas común de esos atardeceres, cocer maíz con agua y cal, para llevarlo al molino en la madrugada siguiente. con las campanas de la iglesia siempre el sacristán en turno daba las doce del día, las seis de la tarde y las ocho de la noche, por la oscuridad parecía mas melancólico el sonido de las campanas, la gente del pueblo agradecía la llegada de estas horas con respeto, la muestra mas común era quitarse el sombrero mientras tocaban las campanas, donde quiera que estén.
Los molinos de nixtamal, estos comenzaban a moles de tres a cuatro de la mañana, horas en que se levantaban los pobladores para prepararse a realizar sus labores, las mujeres iban al molino caminando en estas oscuras calles, la mayoría iban antes del amanecer, después hacían tortillas, el almuerzo, barrer su patio, atender los niños y después llevar el desayuno o el almuerzo al esposo, al campo donde esté trabajando. Los hombres se levantaban muy temprano según la época, barbechar, cultivar, o regar sus terrenos, en la época de cosecha iban muy temprano a ventear el trigo o el cacahuate aprovechando las corrientes de aire de la mañana que eran mas fuertes que los del día, y que separaban mas fácilmente los granos de la paja y la granza. También acudían con el juez de aguas de cada jagüey (cuatro), para organizar los turnos de riego del día, por las noches también se repartía el agua que comenzaba a voltear de los jagüeyes desde las cuatro de la mañana, le llamaban, la manga. Habían temporadas que antes de iniciar el reparto de agua se hacían faenas en espacios comunales, o caminos, mantenimiento de zanjas, limpia de manantiales, recortar caminos, ampliarlos o recomponer reparos de algunos caminos, también en faena se ayudaba a mover el techo des casas, cuando los horcones o sostenes se pudrían y los cambiaban por otros, o simplemente a ayudar a pelar totoles, para su fiesta si eran varios los animales que se tenían que sacrificar, después se repartía el turno para el riego del día. Esta costumbre viene de hace muchos años, asta que disminuyó considerablemente la cantidad de agua para los jagüeyes y el riego, manantiales y escurrideros de quilentla han desaparecido con estos el jagüey del Tenanguito en todos los manantiales y escurrideros ha disminuido el agua, por esto se han dado grandes cambios en cuanto a la ecología y la fauna, actualmente las calles se ven desiertas y con unos cuantos árboles junto a las calles en el pueblo. Con la tecnología de Google en internet se puede ver lo que ha cambiado, esa gran área verde que antes era todo el pueblo, ha desaparecido casi por completo, las únicas áreas verdes que se conservan son; Las huertas de Serrano Flores, familia Gómez Luna, y de Martín Morales, también el área de los ahuehuetes son las únicas áreas mas verdes que se conservan en el pueblo, antes todo el pueblo se veía como estas huertas con muchos árboles y arbustos.
La dependencia económica hacia los emigrantes, ha causado la ruptura de la estrecha relación que había entre las personas y los árboles como consecuencia el des interés por los árboles sobre todo frutales, los emigrantes han sustituido a los árboles en la aportación económica del pueblo.
La destrucción de los árboles junto a los caminos, se inicia con la llegada de la electricidad al pueblo, otra de las causas fue la construcción de casas y bardas y la ambición por querer construir en algunos casos asta en el camino, dando como resultado calles estrechas y des alineadas y sin banquetas, ignorando necesidades actuales y del futuro, anulando totalmente el espacio para los árboles o áreas verdes en los lados de los caminos.